Silvana... muchas veces me has preguntado por qué te amo, y sé que por mi torpeza para expresarme siempre me quedo corto diciendo «porque sí» o «porque amo todo de ti». Incluso cuando intenté hacerte una carta antes, lo hice tan mal que pareció que no me importaba. Por eso hoy quise grabarte esto con mi propia voz, sin prisa, para explicarte lo que mi boca nunca sabe decir bien.
Te amo porque contigo conocí algo que mi mente casi nunca tiene: paz. Cuando veo nuestras fotos sentados frente a esa malteada o viajando de noche mientras llovía afuera, recuerdo exactamente lo que sentía mi pecho. A tu lado el ruido del mundo se apaga. Cuando íbamos en el Uber, a veces tú no te dabas cuenta, pero yo me quedaba mirándote en silencio; luego volteaba hacia la ventana a ver los edificios intentando grabar tu imagen en mi cabeza, pensando en lo mucho que te amaba. Sé que en la calle me bloqueo y soy torpe, pero quiero confesarte que por dentro amo cuando me agarras de la mano, y amo la ternura en tu voz cada vez que me dices «oso».
Si supieras cómo te miro cuando no te das cuenta, jamás dudarías de lo hermosa que eres para mí. Amo tus manos, tu cabello y tus ojos, que me atraparon desde el segundo en que salí por la puerta del aeropuerto. Amo la dedicación con la que te arreglas y lo tierno que era cuando me dabas «oso monedas» por dejarme poner skincare contigo. Extraño bañarnos juntos, vestirnos para salir, y extraño hacerte cariño en el sofá mientras dormías o traerte las mantas y la almohada para que estuvieras cómoda. Cuando nos dormíamos y yo despertaba primero, me quedaba observándote en silencio, memorizando tus gestos y escuchando tu respiración, con una pena enorme porque no quería irme de tu lado. Hoy, casi dos meses después, sigo oliendo a diario la almohada con el perfume que me regalaste, porque todavía conserva tu aroma.
También te amo por tu mente y por tu mundo. Cuando me explicabas cosas de tu carrera, cuando fuimos al planetario, o cuando me mostrabas tu meteorito, tus tickets de colección de cine y tus cosas de My Melody, yo anotaba todo eso en mi cabeza intentando memorizar cada detalle tuyo. Me encantó verte tocar «You Are My Sunshine» en ese pequeño instrumento de cristal, y acompañarte por tus dulces al Oxxo. Y quiero que sepas algo: cuando tú me ofrecías comprarme cosas y a mí me costaba aceptarlas, nunca fue por desprecio; era porque me partía el alma que gastaras en mí el dinero que tanto esfuerzo te había costado ganar.
Sé que soy raro, que me agobio y que arruiné momentos por no saber ser «normal», como cuando me presentabas a tus amigos en la escuela y yo solo atinaba a decir «hola», o cuando no te dejaba dormir en el autobús por mover la pierna. Incluso sé que para ti el viaje a Acapulco con tu mamá fue la peor salida porque me enfermé... pero para mí fue increíble. Porque allá en el mar, flotando juntos, por fin pude ser yo mismo sin trabas. En el agua no me costaba tocarte; podía abrazarte en las olas, cuidarte, admirar lo preciosa que te veías con tu traje de baño y tu trenza, y bucear para buscarte las conchitas más bonitas.
También quiero pedirte perdón por las veces que estuviste triste en un tema sensible y sentiste que te cambiaba de tema o que te daba el avión diciendo «todo estará bien». La verdad es que a la distancia me entra un pánico horrible de decir algo estúpido y empeorar tu dolor, cuando lo único que muero por hacer es abrazarte fuerte, besarte y quitarte la tristeza sin palabras.
Cuando salgo a la calle a comprar y vender venciendo mis miedos para juntar dinero, lo hago porque en mi mente tengo una imagen clara de los dos: nos veo caminando tranquilos de noche por las calles iluminadas de Japón cerca de un jardín. Y nos veo en nuestra propia casa bonita, donde tú tengas tu cuarto lleno de cosas rosas, donde tengamos un perro grande blanco con amarillo que parezca un pequeño león, y un estanque enorme para que Firulais, Amor y Luna vivan felices.
No te amo «porque sí», Silvana. Te amo con cada uno de estos recuerdos y con cada uno de estos sueños. Seguiré respetando tu espacio y tu silencio como te prometí, sin presionarte. Solo no quería que pasara un día más sin que supieras cómo te ven realmente mis ojos y todo lo que guardo en mi corazón por ti.
Rincón de desahogo: ¿Enojada con el Oso?
Tienes toda la razón en estar harta y enojada. Si necesitas desquitarte y sacar el coraje, dale todas las patadas que quieras aquí:
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